domingo, 4 de julio de 2010
Baraka
Debo confesar que de no ser por la obligación de ver esta película en clase quizás nunca la hubiera llegado a ver o completar de ver por mi propia cuenta. Fue un poco difícil mantener la concentración durante el filme y la razón de esto es por la lentitud con que transcurre la película. Fue allí donde me percaté del ritmo tan acelerado que tenemos para todo, hasta para disfrutar de una película. Es decir, si no es algo parecido al filme Avatar, donde imágenes vienen, imágenes van, y la música intensa y los diálogos emocionantes entonces es difícil sentarse frente a la televisión. Increíble, no? Baraka es más una clase de documental, son una secuencia de imágines con poder narrativo, no hay diálogo, ni personajes principales ni una historia definida. A las imágenes se le suma una mezcla de sonidos y música. Fue filmado en distintos países de los cinco continentes por lo que se puede apreciar su intención de mostrar la diversidad de culturas, creencias y modos de vida de las personas. Baraka es una herramienta de reflexión sobre distintos temas: el papel de los seres humanos y su relación con la naturaleza, la espiritualidad de los seres humanos, la forma de vivir tan ajetreada en el llamado mundo civilizado y la paz y armonía de las culturas nativas de ciertas regiones del mundo. Siempre se presenta un tema, por ejemplo la religión y la espiritualidad. Se muestra como las diferentes culturas creen de manera distinta en un ser superior al cual hay que rendirle culto y alabanza. Se presentan los diferentes ritos de la Iglesia Católica, los judíos, los musulmanes, los hindúes y los nativos del África, etc. Más tarde se contrasta esta espiritualidad del hombre con su obsesión materialista de trabajar mucho y comprar más. También se contrasta con la estupidez del hombre de hacer la guerra pero no practicar el amor que profesa. Otro tema de importancia es la relación del hombre con la naturaleza. En el llamado “mundo civilizado” todo ocurre muy rápido, las autopistas exigen que sea así, los rascacielos no dejan ver las estrellas en la noche y la madre naturaleza dejó de ser madre para convertirse en sirvienta. Nos servimos de ella y chupamos excesivamente sin pensar en el daño. Logramos separarnos, ya no somos uno con la naturaleza, con el árbol, con el aire, con el agua, no, ahora es ella y nosotros. Este mundo civilizado, donde se necesita de un cigarro para sobrevivir el día, es muy distinto a la quietud de los pueblos nativos el cual sabe cómo convivir en armonía con la naturaleza.
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